Carmen Sanz, enfermera del Hospital de Fuenlabrada

La crisis sanitaria generada por el COVID-19  nos ha empujado a vivir una situación extraordinaria que ha cambiado el rumbo de nuestra vida personal, social, y laboral. Un virus con enorme capacidad de contagio que ha llenado salas de urgencia, habitaciones en planta y Unidades de Cuidados Intensivos. Un enemigo desconocido que arrasó nuestra cotidianidad y, que de momento, ha llegado para quedarse.

Carmen Sanz, enfermera del Hospital de Fuenlabrada, nos habla de cómo se ha vivido esta crisis dentro de la comunidad sanitaria y desde el punto de vista más personal.

Hospital “Nos arrolló como un auténtico tsunami”, la enfermera explica que nadie pudo llegar a pensar que el virus llegara a afectar a la población de una manera tan agresiva y masiva. Desde su experiencia, Sanz cuenta que el virus lo relacionaban como una gripe más, hasta que comenzaron a llegar verdaderas olas de pacientes infectados y que, algunos, en cuestión de horas empeoraban su situación.

El virus azotó rápida y repentinamente a un sistema sanitario que se vio sobrepasado ante la insuficiencia de medios y espacio para lidiar con las oleadas de infectados. Salas habilitadas para otro tipo de intervenciones y profesionales de otras ramas de la medicina, tuvieron que reacondicionarse para acoger a pacientes con coronavirus.

A nivel emocional, Carmen Sanz explica que es una batalla psicológica muy dura para todos y resume la situación en una palabra: “horror”. Muchos de sus compañeros del hospital han tenido que vivir episodios muy tristes a nivel personal, porque también se han visto afectados tanto con pérdidas familiares como con la enfermedad en su nucleo familiar.

Carmen ha destacado que lo que se lleva, entre otras cosas, de esta dura experiencia es la unión,  la voluntad, el trabajo, y la cooperación por parte de todos los trabajadores: enfermeros, médicos, auxiliares, limpiadores etc.. que no han dudado ni un instante en arrimar el hombro y a adaptarse a las circunstancias, con largas jornadas de trabajo, horas extra, cansancio, realizando incluso tareas que desconocían y han tenido que ir aprendiendo al ritmo que el virus iba actuándo. Desde habilitar nuevas zonas para atender a los enfermos, crear nuevos protocolos de actuación. Pero por delante de todo eso, Sanz nos recuerda que ellos en todo momento han tenido presente que estaban trabajando con personas a las que además de cuidar, acompañan en su soledad y en demasiadas ocasiones se han convertido en los únicos testigos y acompañantes en los últimos momentos de aquellos que no han podido superar la enfermedad.

“La empatía y la solidaridad conformar el eje de una comunidad que trabaja por y para todos en primera línea de esta guerra. Aunque no se tengan muchas balas hay que acabar con este enemigo, por eso, nos hemos reinventado. Habremos cometido algún error, pero estoy orgullosa de trabajar con todos los compañeros de este hospital”, declara Sanz.

La sanitaria confiesa abiertamente que tanto ella como sus compañeros, tienen miedo, si , miedo de contagiar a sus familias, que han llorado de impotencia cuando no han podido sacar adelante a un enfermo. “Hemos visto y vemos la soledad y el sufrimiento de frente y eso no es fácil. Ahora estamos contenidos en nuestras emociones porque tenemos que estar fuertes para seguir trabajando, cuando todo esto pase, vendrá el bajón”, comenta Carmen.

Sin duda un testimonio duro pero esperanzador. Con su fuerza, su entrega y su resistencia, estamos a salvo. Esa es la grandeza de estos profesionales.






Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked as *

*

A %d blogueros les gusta esto: