Raquel Moriche, Auxiliar de Enfermería del Hospital de Fuenlabrada, que está superando el Coronavirus

Raquel Moriche: “El virus entró en mi cuerpo sin permiso”

El personal sanitario es el sector que mira de frente cada día al Covid-19 y que por lo tanto está en constante riesgo de contagio. No en vano son más de 43.000 sanitarios los contagiados hasta el momento, es decir el 20% del cómputo total.

Raquel Moriche, enfermera del Hospital de Fuenlabrada, ha vivido en primera persona los efectos del virus. Tras 25 días en aislamiento en una habitación de su hogar, decidió escribir una carta a nuestra emisora para poner de manifiesto la lucha de los profesionales y transmitirnos su experiencia laboral y personal. Hoy en Días de Radio nos lo cuenta en primera persona..

RaquelEl virus afectó a la enfermera justo en el momento más crítico de la pandemia, lo que le supuso un duro golpe y generó  en ella un sentimiento de impotencia al ver que tenia que abandonar la línea de batalla: “No esperaba contagiarme, me mantenía firme y positiva hasta que me di cuenta de que había caído”, declara Moriche.

Raquel explica que la evolución del virus en su cuerpo fue progresiva. Comenzó con ligera tos, congestión nasal y congestión en el pecho. Al inicio no sospechó que el virus había entrado en su cuerpo sin avisar y sin permiso, como ella misma comenta.  Hasta que una noche al volver a casa , la sintomatología fue más fuerte y evidente, fiebre, fatiga al comer, dificultad para respirar. Fue en ese instante cuando tomó conciencia de que estaba contagiada.

Se aisló en una habitación en la que permanecido durante 25 días, para proteger a su familia. Días eternos, en el que la enfermedad presentó se agudizó, llegando a tener que acudir al servicio de urgencias, su saturación de oxígeno era nefasta, así como el dolor muscular, las tos y la fatiga. Esto ocurría entre el sexto y séptimo día y Raquel comenta: “Fue en ese momento cuando la realidad me golpeó y fui consciente de que estaba enferma y de la dimensión de lo que estaba viviendo. Comencé a sentir miedo. Miedo por los míos, miedo por mi, no sabía que podría ocurrirme una hora o un día después:

Noches de soledad, miedo, de luces encendidas por temor a dormir y no despertar, dolor y rabia. “He llorado, si, y no me importa decirlo. En el hospital ante el dolor que estaba viendo y en mi casa frente a mi propio dolor  e incertidumbre de un “mañana”..

 Raquel se veía reflejada en todos los enfermos que ella cuidaba junto a sus compañeros, vivencias duras e inolvidables. Esta experiencia no jugaba a su favor, porque como bien dice :”El conocer como es la enfermedad, como cursa en muchísimo casos, la información de primera mano, no favorece psicológicamente”. Se generan añade, cientos de sentimientos en un breve espacio de tiempo. Miedo, esperanza si un día te sientes mejor, rabia, ganas de lucha, en definitiva, un vaivén emocional que no se como me afectará con el paso del tiempo”

Dentro de los momentos más duros psicológicamente, Moriche alude a esos procesos en los que  aplicaba sus conocimientos para su recuperación, protocolos que había utilizado con sus pacientes, que se convertían en angustia al tomar cada vez más conciencia de su estado. Ella había pasado de ser alguien que curaba a tener que sanarse. “No es sencillo adaptarse a esta situación, es inevitable sentir miedo y desolación”

Raquel ha dado negativo en el segundo test. Continúa recuperándose en casa porque aún tiene secuelas, tos, algo de fatiga, pérdida de olfato y gusto,  pero por fin ha podido besar y abrazar a sus hijos y a su marido, sin duda su gran victoria.

Por fortuna, el segundo test que le realizaron resultó ser negativo y actualmente se encuentra estable a pesar de que sigue arrastrando alguna sintomatología residual como tos, perdida del olfato y del gusto y fatiga…

Moriche no olvida como de forma súbita el hospital se llenó de enfermos, la imagen de las ucis repletas, las habitaciones atestadas, la reconversión del hospital, los nuevos protocolos, las ausencias cuando un enfermo no salía adelante, las alegrías de los curados. Imágenes en su retina de un virus que llegó para cambiar la vida de un día para otro. No olvida el esfuerzo de todos sus compañeros por aliviar a los enfermos y por el trabajo en equipo, uno de los grandes aprendizajes que se lleva de esta dura situación.

Con  tan solo 39 años y 22 de experiencia a sus espaldas, Raquel desea volver a su trabajo, a su zona de atención de enfermos de Covid-19. Sabe que ello la obligará a volver a mantener lejos esos besos y abrazos con los suyos, pero su vocación de ayuda a los demás es más fuerte que sus necesidades personales.

Un testimonio honesto, sincero, duro pero también alentador ,de una mujer con vocación de ayuda, una sanitaria al pie del cañón a la que el virus la invadió sin su permiso. Un símbolo de lucha profesional y personal. Un ejemplo de esperanza ante un futuro que si existe.






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